Jesus and the Urantia Book
Blog Stories
Are You Lukewarm?
Did we Evolve from Apes?
Big Bang...Or
God Within
  Home Page

  Quote Of The Day

  Urantia Book Search Engine

  Urantia Book

  Jesus And The Urantia Book

  Urantia Book Video

  Urantia Book Audio

  The Gallery

  Heartwarming And Humorous Stories

  Discussion Forum

  Answers To Life's Toughest Questions

  News, Blogs, Games + Social

  How The Urantia Book Changed My Life

  Spiritual Studies

  Get Involved

  FAQ

  Links

  About Us

  Store

  Buscar solo en El libro de Urantia

  El Libro De Urantia

  El Libro De Urantia
       Documento 0, Prólogo
       Documento 1, El Padre Universal
       Documento 2, La Naturaleza De Dios
       Documento 3, Los Atributos De Dios
       Documento 4, La Relación De Dios Con El Universo
       Documento 5, La Relación De Dios Con El Individuo
       Documento 6, El Hijo Eterno
       Documento 7, La Relación Del Hijo Eterno Con El Universo
       Documento 8, El Espíritu Infinito
       Documento 9, La Relación Del Espíritu Infinito Con El Universo
       Documento 10, La Trinidad Del Paraíso
       Documento 11, La Isla Eterna Del Paraíso
       Documento 12, El Universo De Los Universos
       Documento 13, Las Esferas Sagradas Del Paraíso
       Documento 14, El Universo Central Y Divino
       Documento 15, Los Siete Superuniversos
       Documento 16, Los Siete Espíritus Rectores
       Documento 17, Los Siete Grupos De Espíritus Supremos
       Documento 18, Las Personalidades Supremas Trinitarias
       Documento 19, Los Seres Coordinados De Origen En La Trinidad
       Documento 20, Los Hijos De Dios Paradisiacos
       Documento 21, Los Hijos Creadores Paradisiacos
       Documento 22, Los Hijos De Dios Trinidizados
       Documento 23, Los Mensajeros Solitarios
       Documento 24, Las Personalidades Más Elevadas Del Espirítu Infinito
       Documento 25, Las Huestes De Mensajeros Del Espacio
       Documento 26, Los Espíritus Ministrantes Del Universo Central
       Documento 27, El Ministerio De Los Supernafines Primarios
       Documento 28, Los Espíritus Ministrantes De Los Superuniversos
       Documento 29, Los Directores Del Poder Universal
       Documento 30, Las Personalidades Del Gran Universo
       Documento 31, El Cuerpo De La Finalidad
       Documento 32, La Evolución De Los Universos Locales
       Documento 33, La Administración Del Universo Local
       Documento 34, El Espíritu Materno Del Universo Local
       Documento 35, Los Hijos De Dios De Los Universos Locales
       Documento 36, Los Portadores De Vida
       Documento 37, Las Personalidades Del Universo Local
       Documento 38, Los Espíritus Ministrantes Del Universo Local
       Documento 39, Las Huestes Seráficas
       Documento 40, Los Hijos De Dios Ascendentes
       Documento 41, Los Aspectos Físicos Del Universo Loca
       Documento 42, La Energía - La Mente Y La Materia
       Documento 43, Las Constelaciones
       Documento 44, Los Artesanos Celestiales
       Documento 45, La Administración Del Sistema Local
       Documento 46, La Sede Central Del Sistema Local
       Documento 47, Los Siete Mundos De Estancia
       Documento 48, La Vida Morontial
       Documento 49, Los Mundos Habitados
       Documento 50, Los Príncipes Planetarios
       Documento 51, Los Adanes Planetarios
       Documento 52, Las Épocas Planetarias De Los Mortales
       Documento 53, La Rebelión De Lucifer
       Documento 54, Los Problemas De La Rebelión De Lucifer
       Documento 55, Las Esferas De Luz Y Vida
       Documento 56, Unidad Universal
       Documento 57, El Origen De Urantia
       Documento 58, El Establecimiento De La Vida En Urantia
       Documento 59, La Era De La Vida Marina En Urantia
       Documento 59, La Era De La Vida Marina En Urantia
       Documento 61, La Era De Los Mamíferos En Urantia
       Documento 62, Las Razas Protohumanas Del Hombre Primitivo
       Documento 63, La Primera Familia Humana
       Documento 64, Las Razas Evolucionarias De Color
       Documento 65, La Supervisión De La Evolución
       Documento 66, El Príncipe Planetario De Urantia
       Documento 67, La Rebelión Planetaria
       Documento 68, Los Albores De La Civilización
       Documento 69, Las Instituciones Humanas Primitivas
       Documento 70, La Evolución Del Gobierno Humano
       Documento 71, El Desarrollo Del Estado
       Documento 72, El Gobierno De Un Planeta Vecino
       Documento 73, El Jardín Del Edén
       Documento 74, Adán Y Eva
       Documento 75, La Falta De Adán Y Eva
       Documento 76, El Segundo Jardín
       Documento 77, Los Seres Intermedios
       Documento 78, La Raza Violeta Después De Los Días De Adán
       Documento 79, La Expansión Andita En El Oriente
       Documento 80, La Expansión Andita En El Occidente
       Documento 81, El Desarrollo De La Civilización Moderna
       Documento 82, La Evolución Del Matrimonio
       Documento 83, La Institución Del Matrimonio
       Documento 84, Matrimonio Y Vida Familiar
       Documento 85, Los Orígenes De La Adoración
       Documento 86, La Evolución Primitiva De La Religión
       Documento 87, Los Cultos a Los Fantasmas
       Documento 88, Los Fetiches, Los Amuletos Y La Magia
       Documento 89, El Pecado, El Sacrificio Y La Expiación
       Documento 90, El Shamanismo - Los Curanderos Y Los Sacerdotes
       Documento 91, La Evolución De La Oración
       Documento 92, La Evolución Ulterior De La Religión
       Documento 93, Maquiventa Melquisedek
       Documento 94, Las Enseñanzas De Melquisedek En El Oriente
       Documento 95, Las Enseñanzas De Melquisedek En El Levante
       Documento 96, Yahvé - El Dios De Los Hebreos
       Documento 97, Evolución Del Concepto De Dios Entre Los Hebreos
       Documento 98, Las Enseñanzas De Melquisedek En El Occidente
       Documento 99, Los Problemas Sociales De La Religión
       Documento 100, La Religión En La Experiencia Humana
       Documento 101, La Verdadera Naturaleza De La Religión Change to
       Documento 102, Los Cimientos De La Fe Religiosa
       Documento 103, La Realidad De La Experiencia Religiosa
       Documento 104, El Crecimiento Del Concepto De La Trinidad
       Documento 105, La Deidad Y La Realidad
       Documento 106, Los Niveles De Realidad Del Universo
       Documento 107, El Origen Y La Naturaleza De Los Ajustadores Del Pensamiento
       Documento 108, La Misión Y El Ministerio De Los Ajustadores Del Pensamiento
       Documento 109, La Relación De Los Ajustadores Con Las Criaturas Del Universo
       Documento 110, La Relación De Los Ajustadores Con Los Seres Mortales
       Documento 111, El Ajustador Y El Alma
       Documento 112, La Supervivencia De La Personalidad
       Documento 113, Los Guardianes Seráficos Del Destino
       Documento 114, El Gobierno Planetario Seráfico
       Documento 115, El Ser Supremo
       Documento 117, Dios Supremo
       Documento 116, El Todopoderoso Supremo
       Documento 118, El Supremo Y El Último—el Tiempo Y El Espacio
       Documento 119, Los Autootorgamientos De Cristo Miguel
       Documento 120, La Donación De Miguel En Urantia
       Documento 121, La Época De La Donación De Miguel
       Documento 122, El Nacimiento Y La Infancia De Jesús
       Documento 123, Los Primeros Años De La Infancia De Jesús
       Documento 124, Los Últimos Años De La Infancia De Jesú
       Documento 125, Jesús En Jerusalén
       Documento 126, Los Dos Años Cruciales
       Documento 127, Los Años De Adolescencia
       Documento 128, Los Primeros Años De La Vida Adulta De Jesús
       Documento 129, La Vida Adulta de Jesús
       Documento 130, En El Camino De Roma
       Documento 131, Las Religiones Del Mundo
       Documento 132, La Estancia En Roma
       Documento 133, El Regreso De Roma
       Documento 134, Los Años De Transición
       Documento 135, Juan El Bautista
       Documento 136, El Bautismo Y Los Cuarenta Días
       Documento 137, El Tiempo De Espera En Galilea
       Documento 138, La Formación De Los Mensajeros Del Reino
       Documento 139, Los Doce Apóstoles
       Documento 140, La Ordenación De Los Doce
       Documento 141, El Comienzo De La Obra Pública
       Documento 142, La Pascua En Jerusalén
       Documento 143, La Travesía De Samaria
       Documento 144, En El Gilboa Y La Decápolis
       Documento 145, Cuatro Días Memorables En Cafarnaum
       Documento 146, La Primera Gira De Predicación En Galilea
       Documento 147, El Paréntesis De La Visita a Jerusalén
       Documento 148, La Preparación De Los Evangelistas En Betsaida
       Documento 149, La Segunda Gira De Predicació
       Documento 150, La Tercera Gira De Predicación
       Documento 151, Estancia Y Enseñanza a La Orilla Del Mar
       Documento 151, Estancia Y Enseñanza a La Orilla Del Mar
       Documento 153, La Crisis En Cafarnaum
       Documento 154, Los Últimos Días En Cafarnaum
       Documento 155, La Huida Por El Norte De Galilea
       Documento 156, La Estancia En Tiro Y Sidón
       Documento 157, En Cesarea De Filipo
       Documento 158, El Monte De La Transfiguración
       Documento 159, La Gira Por La Decápolis
       Documento 160, Rodán De Alejandría
       Documento 161, Otras Discusiones Con Rodán
       Documento 162, En La Fiesta De Los Tabernáculos
       Documento 163, La Ordenación De Los Setenta En Magadán
       Documento 164, En La Fiesta De La Consagración
       Documento 165, Comienza La Misión En Perea
       Documento 166, La Última Visita a Perea Del Norte
       Documento 167, La Visita a Filadelfia
       Documento 168, La Resurrección De Lázaro
       Documento 169, La Última Enseñanza En Pella
       Documento 170, El Reino De Los Cielos
       Documento 171, En El Camino De Jerusalén
       Documento 172, La Entrada En Jerusalén
       Documento 173, El Lunes En Jerusalén
       Documento 174, El Martes Por La Mañana En El Templo
       Documento 175, El Último Discurso En El Templo
       Documento 176, El Martes Por La Noche En El Monte De Los Olivos
       Documento 177, El Miércoles, Día De Descanso
       Documento 178, El Último Día En El Campamento
       Documento 179, La Última Cena
       Documento 180, El Discurso De Despedida
       Documento 181, Las Últimas Recomendaciones Y Advertencias
       Documento 182, En Getsemaní
       Documento 183, La Traición Y El Arresto De Jesús
       Documento 184, Ante El Tribunal Del Sanedrín
       Documento 185, El Juicio Ante Pilatos
       Documento 186, Poco Antes De La Crucifixión
       Documento 187, La Crucifixión
       Documento 188, El Período En La Tumba
       Documento 189, La Resurrección
       Documento 190, Las Apariciones Morontiales De Jesús
       Documento 191, Las Apariciones a Los Apóstoles Y a Otros Discípulos Principales
       Documento 192, Las Apariciones En Galilea
       Documento 193, Las Apariciones Finales Y La Ascensión
       Documento 194, La Donación Del Espíritu De La Verdad
       Documento 195, Después De Pentecostés
       Documento 196, La Fe De Jesús

  Procure apenas no Livro de Urântia

  O Livro De Urantia

[print]    [email]     CHANGE FONT  + + +
Buscar solo en El libro de Urantia

El Libro de Urantia

Documento 174

Martes por la Mañana en el Templo


(1897.1) 174:0.1 A ESO de las siete de este martes por la mañana Jesús se reunió con los apóstoles, el cuerpo de mujeres, y unas dos docenas de otros discípulos prominentes en la casa de Simón. En esta reunión se despidió de Lázaro, dándole esa instrucción que le llevó tan pronto después a huir a Filadelfia en Perea, donde más tarde se relacionó con el movimiento misionero que tenía su central en esa ciudad. Jesús también se despidió del anciano Simón, y dio sus consejos de despedida al cuerpo de mujeres, puesto que no volvió a dirigirse a ellas formalmente.

(1897.2) 174:0.2 Esta mañana saludó a cada uno de lo doce con un saludo personal. A Andrés le dijo: «No te desanimes por los acontecimientos inminentes. Controla firmemente a tus hermanos y cuida de que no te vean deprimido». A Pedro le dijo: «No deposites tu confianza en el brazo ni en el acero. Establécete sobre los cimientos espirituales de las rocas eternas». A Santiago le dijo: «No titubees por las apariencias exteriores. Permanece fiel en tu fe, y pronto conocerás la realidad de aquello en lo que crees». A Juan le dijo: «Sé tierno; ama aun a tus enemigos; sé tolerante. Y recuerda que yo te he confiado muchas cosas». A Natanael le dijo: «No juzgues por las apariencias; permanece firme en tu fe aun cuando todo parezca esfumarse; sé fiel a tu misión de embajador del reino». A Felipe le dijo: «No te dejes conmover por los acontecimientos inminentes. Permanece inmutable, aun cuando no puedas ver el camino. Sé leal a tu juramento de consagración». A Mateo le dijo: «No olvides la misericordia que te recibió en el reino. Que ningún hombre te quite tu recompensa eterna. Así como has resistido las inclinaciones de la naturaleza mortal, dispónte a ser constante». A Tomás le dijo: «Aunque sea muy difícil, ahora debes caminar por lo que crees y no por lo que ves. No tengas dudas de mi habilidad para completar la obra que he comenzado, hasta que finalmente veré a todos mis fieles embajadores en el reino más allá». A los gemelos Alfeo les dijo: «No permitáis que las cosas que no podéis comprender os sobrecojan. Sed fieles al afecto de vuestro corazón y no coloquéis vuestra confianza ni en grandes hombres ni en la actitud cambiante de la gente. Aliaos con vuestros hermanos». A Simón el Zelote le dijo: «Simón, puedes estar sobrecogido por la desilusión, pero tu espíritu se elevará por sobre todas las cosas que te puedan suceder. Lo que no pudiste aprender de mí, mi espíritu te lo enseñará. Persigue las realidades verdaderas del espíritu y deja de ser atraído por las sombras irreales y materiales». Y a Judas Iscariote le dijo: «Judas, te he amado y he orado para que tú amaras a tus hermanos. No te canses de hacer el bien; y quiero advertirte que te cuides de los senderos resbalosos de las lisonjas y de los dardos envenenados del ridículo».

(1897.3) 174:0.3 Y cuando hubo concluido estas salutaciones, partió hacia Jerusalén con Andrés, Pedro, Santiago y Juan mientras los demás apóstoles establecían el campamento de Getsemaní, a donde irían esa noche, y donde trasladaron su sede central por el resto de la vida en la carne del Maestro. Aproximadamente a mitad del camino bajando el Monte de los Olivos, Jesús pausó y conversó más de una hora con los cuatro apóstoles.

1. El Perdón Divino

(1898.1) 174:1.1 Ya durante varios días Pedro y Santiago habían discutido de sus diferencias de opinión sobre las enseñanzas del Maestro relativas al perdón de los pecados. Ambos habían acordado plantear el asunto a Jesús, y Pedro aprovechó esta ocasión como una oportunidad adecuada para obtener el consejo del Maestro. Por lo tanto, Simón Pedro interrumpió la conversación que trataba de las diferencias entre la alabanza y la adoración, preguntando: «Maestro, Santiago y yo no nos ponemos de acuerdo sobre tus enseñanzas relativas al perdón de los pecados. Santiago sostiene que tú enseñas que el Padre nos perdona aun antes de que nosotros se lo pidamos, y yo pienso que el arrepentimiento y la confesión deben preceder al perdón. ¿Quién de nosotros tiene razón? ¿Qué dices tú?»

(1898.2) 174:1.2 Después de un corto silencio Jesús miró significativamente a los cuatro y contestó: «Hermanos míos, erráis en vuestras opiniones porque no comprendéis la naturaleza de esas relaciones íntimas y amantes entre la criatura y el Creador, entre el hombre y Dios. Falláis en captar esa compasión comprensiva que el padre sabio tiene para con su hijo inmaduro que, a veces, yerra. Es en verdad discutible si los padres inteligentes y afectuosos jamás se vean en una situación de perdonar a un hijo normal y corriente. Las relaciones comprensivas, asociadas con actitudes amantes, efectivamente previenen todas esas alienaciones que más tarde necesitan un reajuste mediante el arrepentimiento por parte del hijo y el perdón por parte del padre.

(1898.3) 174:1.3 «Una parte de todo padre vive en el hijo. El padre disfruta de prioridad y superioridad de comprensión en todos los asuntos relacionados con la relación hijo-padre. El padre es capaz de ver la inmadurez del hijo a la luz de la madurez paterna más avanzada, la experiencia más madura del socio mayor. En el caso del hijo terrenal y el Padre celestial, el padre divino posee infinidad y divinidad de comprensión, y capacidad para una compasión amante. El perdón divino es inevitable; es inherente e inalienable a la infinita comprensión de Dios, en su conocimiento perfecto de todo lo que se relaciona con el juicio erróneo y la elección equivocada del hijo. La justicia divina es tan eternamente ecuánime que infaliblemente comprende una compasión misericordiosa.

(1898.4) 174:1.4 «Cuando un hombre sabio comprende los impulsos interiores de sus semejantes, los amará. Y cuando amáis a vuestro hermano, ya le habéis perdonado. Esta capacidad de comprender la naturaleza humana y olvidar sus errores aparentes es deiforme. Si sois padres sabios, de esta manera amaréis y comprenderéis a vuestros hijos, aun les perdonaréis cuando una falta de comprensión pasajera os pueda aparentemente haber separado. El hijo, siendo inmaduro y faltándole la comprensión más plena de la profundidad de la relación hijo-padre, debe frecuentemente experimentar una sensación de separación culpable de la aprobación plena del padre, pero el verdadero padre no tiene nunca conciencia de una separación semejante. El pecado es una experiencia de la conciencia de la criatura; no es parte de la conciencia de Dios.

(1898.5) 174:1.5 «Vuestra incapacidad o falta de deseo de perdonar a vuestros semejantes es la medida de vuestra inmadurez, de vuestra incapacidad para alcanzar una compasión adulta, comprensión y amor. Sois rencorosos y vengativos en proporción directa a vuestra ignorancia de la naturaleza interior y de los deseos verdaderos de vuestros hijos y de vuestros semejantes. El amor es la manifestación exterior del impulso divino e interior de la vida. Está fundado en la comprensión, alimentado por el servicio altruista, y perfeccionado en la sabiduría».

2. Las Preguntas de los Dirigentes Judíos

(1899.1) 174:2.1 El lunes por la noche se celebró un concilio entre el sanedrín y unos cincuenta líderes adicionales, seleccionados entre los escribas, fariseos y saduceos. Fue consenso de esta reunión que sería peligroso arrestar a Jesús en público, debido al afecto con que contaba entre la gente común. También era opinión de la mayoría que debía hacerse un esfuerzo decidido por desacreditarlo a los ojos de la multitud antes de arrestarlo y llevarlo a juicio. Por lo tanto, varios grupos de hombres eruditos fueron designados para estar disponibles a la mañana siguiente en el templo con el objeto de hacerlo caer en la trampa de preguntas difíciles, y de otra manera tratar de ponerlo en una situación embarazosa ante la gente. Por fin, los fariseos, los saduceos y aun los herodianos estaban todos unidos en este esfuerzo dirigido a desacreditar a Jesús a los ojos de las multitudes pascuales.

(1899.2) 174:2.2 El martes por la mañana, cuando Jesús llegó al patio del templo y comenzó a enseñar, apenas si había pronunciado unas pocas palabras cuando un grupo de los estudiantes más jóvenes de las academias, a quienes se había hecho ensayar con este propósito, se adelantaron y por medio de su portavoz se dirigieron a Jesús: «Maestro, sabemos que eres un instructor recto, y sabemos que proclamas los caminos de la verdad, y que tan sólo sirves a Dios, porque no temes a ningún hombre, y no haces acepción de personas. Somos tan sólo estudiantes, y nos gustaría conocer la verdad sobre un asunto que nos preocupa; nuestra dificultad es ésta: ¿Es legal para nosotros pagar tributo al césar? ¿Hemos de pagar tributo o no?» Jesús, percibiendo su hipocresía y artificio, les dijo: «¿Por qué venís de esta manera para tentarme? Mostradme el dinero del tributo, y yo os contestaré». Y cuando ellos le entregaron un denario, él lo miró y dijo: «¿Qué imagen e inscripción lleva esta moneda?» Cuando ellos le contestaron: «La del césar», Jesús dijo: «Dad al césar las cosas que son del césar y dad a Dios las cosas que son de Dios».

(1899.3) 174:2.3 Cuando así hubo contestado, estos jóvenes escribas y sus cómplices herodianos, se retiraron de su presencia, y la gente, aun los saduceos, disfrutaron de su derrota. Aun los jóvenes que habían intentado hacerlo caer en la trampa, grandemente se maravillaron de la inesperada sagacidad de la respuesta del Maestro.

(1899.4) 174:2.4 El día anterior, los líderes habían tratado de hacerlo tropezar ante la multitud en asuntos de autoridad eclesiástica, y habiendo fracasado, ahora intentaban enredarlo en una discusión dañina de la autoridad civil. Tanto Pilato como Herodes estaban en Jerusalén en ese momento, y los enemigos de Jesús conjeturaban que, si él se atrevía a aconsejar que no se pagara el tributo al césar, podrían ir inmediatamente ante las autoridades romanas y acusarlo de sedición. Por otra parte, si aconsejaba en muchas palabras explicativas el pago del tributo calculaban con justicia que dicha declaración heriría grandemente el orgullo nacional de sus oyentes judíos, alienando de esta manera la buena voluntad y el afecto de la multitud.

(1899.5) 174:2.5 En todo esto, los enemigos de Jesús fueron derrotados puesto que era regla bien conocida del sanedrín, establecida para guiar a los judíos dispersos entre las naciones gentiles, que el «derecho de acuñar monedas conllevaba el derecho de cobrar impuestos». De esta manera Jesús había evitado la trampa. Haber contestado «no» a su pregunta habría sido equivalente a incitar a la rebelión; haber contestado «sí» habría chocado a los sentimientos nacionalistas profundamente arraigados de esa época. El Maestro no evadió la pregunta; meramente empleó la sabiduría de ofrecer una respuesta doble. Jesús nunca fue evasivo, pero siempre fue sabio en su trato con los que trataban de turbarlo y de destruirlo.

3. Los Saduceos y la Resurrección

(1900.1) 174:3.1 Antes de que Jesús pudiera comenzar con su enseñanza, otro grupo se adelantó para hacerle preguntas, esta vez, un grupo de saduceos instruidos y astutos. Su portavoz, acercándosele, dijo: «Maestro, Moisés dijo que si un hombre casado moría sin dejar hijos, su hermano se casaría con la mujer y levantaría descendencia a su her-mano muerto. Ahora bien, ocurrió que cierto hombre que tenía seis hermanos murió sin dejar hijos; el hermano siguiente se casó con su mujer, pero también murió muy pronto, sin dejar hijos. Del mismo modo el segundo hermano tomó a la mujer, pero también murió sin dejar descendencia. De la misma manera los seis hermanos se casaron con ella, y los seis murieron sin dejar hijos. Luego, después de todos ellos, murió también la mujer. Ahora bien, lo que nosotros quisiéramos preguntarte es esto: En la resurrección, ¿de quién será ella esposa, puesto que los siete hermanos la han poseído?»

(1900.2) 174:3.2 Jesús sabía, y también lo sabía la gente, que estos saduceos no eran sinceros al hacer esta pregunta, porque no era probable que realmente pudiera ocurrir este caso; además, esta práctica de los hermanos de un muerto que tratan de hacer hijos en su nombre, estaba prácticamente abandonada en esta época entre los judíos. Sin embargo, Jesús condescendió a contestar esta pregunta maliciosa. Dijo: «Erráis al hacer estas preguntas, porque no conocéis ni las Escrituras ni el poder vivo de Dios. Sabéis que los hijos de este mundo pueden casarse y pueden ser dados en matrimonio, pero parece que no comprendéis que los que son considerados merecedores de alcanzar los mundos venideros, mediante la resurrección de los rectos, ni se casan ni son dados en matrimonio. Los que experimentan la resurrección de los muertos son más parecidos a los ángeles del cielo, y nunca mueren. Estos seres resurrectos son eternamente los hijos de Dios; son los hijos de la luz resucitados al progreso de la vida eterna. Y aun vuestro padre Moisés comprendió esto porque, en relación con sus experiencias junto a la zarza ardiente, él oyó al Padre decir: ‘Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob'. Así pues, juntamente con Moisés, yo declaro que mi Padre no es el Dios de los muertos sino el de los vivos. En él todos vosotros vivís, os reproducís, y poseéis vuestra existencia mortal».

(1900.3) 174:3.3 Cuando Jesús hubo terminado de contestar estas preguntas, los saduceos se retiraron, y algunos de los fariseos tanto se olvidaron de sí mismos como para exclamar: «Es verdad, es verdad, Maestro, has contestado bien a estos saduceos incrédulos». Los saduceos no se atrevieron a hacerle más preguntas, y la gente común se maravilló de la sabiduría de sus enseñanzas.

(1900.4) 174:3.4 Jesús apeló tan sólo a Moisés en este encuentro con los saduceos sólo porque esta secta político-religiosa reconocía solamente la validez de los cinco así llamados libros de Moisés; ellos no creían que las enseñanzas de los profetas fueran admisibles como base para los dogmas de la doctrina. El Maestro en su respuesta, aunque afirmando positivamente el hecho de la sobrevivencia de las criaturas mortales por la técnica de la resurrección, no habló de ninguna manera con aprobación de las creencias fariseas de la resurrección del concreto cuerpo humano. El concepto que Jesús deseaba acentuar era: Que el Padre había dicho: ‘Yo soy el Dios de Abraham, Isaac y Jacob', no yo era su Dios.

(1900.5) 174:3.5 Los saduceos habían querido someter a Jesús a la influencia nefasta del ridículo, sabiendo muy bien que la persecución en público crearía con toda seguridad más simpatía hacia él en la mente de la multitud.

4. El Gran Mandamiento

(1901.1) 174:4.1 Otro grupo de saduceos había sido instruido para enredar a Jesús en preguntas sobre los ángeles, pero cuando contemplaron la suerte de sus compañeros que habían tratado de hacerlo caer en la trampa con las preguntas relativas a la resurrección, con mucho tino decidieron permanecer callados; se retiraron sin hacer preguntas. Era el plan premeditado de los confederados fariseos, escribas, saduceos y herodianos plan-tear preguntas engorrosas durante todo el día con la esperanza de desacreditar de esta manera a Jesús ante la gente y al mismo tiempo de prevenir efectivamente que él tuviera tiempo para la proclamación de sus enseñanzas perturbadoras.

(1901.2) 174:4.2 Entonces se adelantó uno de los grupos de los fariseos para hacerle preguntas embarazosas y el portavoz, señalando hacia Jesús, dijo: «Maestro, soy abogado, y me gustaría preguntarte cuál, en tu opinión, es el mandamiento más grande». Jesús respondió: «Existe tan sólo un mandamiento, y ese mandamiento es el más grande de todos, y ese mandamiento es: ‘Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu mente y con toda tu fuerza'. Éste es el primero y el gran mandamiento. Y el segundo mandamiento es como el primero; en efecto, de él surge directamente, y es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo'. No hay otros mandamientos más grandes que estos; sobre estos dos mandamientos se apoyan toda la ley y los profetas».

(1901.3) 174:4.3 Cuando el abogado percibió que Jesús había respondido no sólo de acuerdo con el concepto más elevado de la religión judía, sino que también había respondido sabiamente a los ojos de la multitud reunida, pensó que la mejor actitud era alabar abiertamente la respuesta del Maestro. Por lo tanto dijo: «En verdad, Maestro, bien has dicho que Dios es uno y que no hay otro fuera de él; y que amarlo de todo corazón, con toda comprensión y fuerza, y también amar al prójimo como a uno mismo, es el primero, y gran mandamiento; y estamos de acuerdo de que este gran mandamiento debe considerarse mucho más que todos los holocaustos y sacrificios». Cuando el abogado contestó de esta manera tan discreta, Jesús bajó la mirada sobre él y dijo: «Amigo mío, percibo que no estás muy lejos del reino de Dios».

(1901.4) 174:4.4 Jesús habló la verdad cuando se refirió a este abogado diciendo «no estás muy lejos del reino», porque esa misma noche él fue al campamento del Maestro cerca de Getsemaní, profesó su fe en el evangelio del reino, y fue bautizado por Josías, uno de los discípulos de Abner.

(1901.5) 174:4.5 Dos o tres otros grupos de escribas y fariseos estaban presentes y habían tenido la intención de hacer preguntas, pero se encontraban desarmados por la respuesta de Jesús al abogado o bien los disuadió la derrota de todos los que habían intentado enredarlo. Después de esto, ningún hombre se atrevió a hacerle pregunta alguna en público.

(1901.6) 174:4.6 Como no hubo más preguntas, y como se estaba acercando el mediodía, Jesús no reanudó su enseñanza sino que se contentó con hacer una pregunta a los fariseos y a sus asociados. Dijo Jesús: «Puesto que no hacéis más preguntas, me gustaría preguntaros una. ¿Qué pensáis del Libertador? Es decir, ¿de quién es hijo?» Después de una breve pausa, uno de los escribas contestó: «El Mesías es el hijo de David». Puesto que Jesús sabía que había habido mucha discusión, aun entre sus propios discípulos, sobre si él era o no hijo de David, hizo otra pregunta: «Si en efecto el Libertador es hijo de David, ¿cómo puede ser que, en el salmo que acreditáis a David, él mismo, hablando en el espíritu, dice: ‘El Señor dijo a mi señor: siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos de escaño a tus pies'. Si David lo llama Señor, ¿cómo es posible que éste sea su hijo?». Aunque los líderes, los escribas y los altos sacerdotes no contestaron esta pregunta, tampoco le hicieron a él otras preguntas para enredarlo. No contestaron a esta pregunta que Jesús les había hecho, pero después de la muerte del Maestro intentaron obviar la dificultad cambiando la interpretación de este salmo para que se refiriera a Abraham en vez del Mesías. Otros trataron de escapar a este dilema diciendo que David no había sido el autor de este así llamado salmo mesiánico.

(1902.1) 174:4.7 Poco tiempo antes, los fariseos habían disfrutado de la manera en la cual el Maestro había acallado a los saduceos; ahora estaban encantados los saduceos por el fracaso de los fariseos; pero esta rivalidad era tan sólo momentánea; rápidamente se olvidaron de sus diferencias tradicionales en un esfuerzo unido para impedir las enseñanzas y las obras de Jesús. Pero a lo largo de todas estas experiencias la gente común le escuchó con deleite.

5. Los Griegos Indagadores

(1902.2) 174:5.1 Alrededor de mediodía, mientras Felipe compraba abastecimiento para el nuevo campamento que se estaba estableciendo ese día cerca de Getsemaní, se le acercó una delegación de extranjeros, un grupo de griegos creyentes de Alejandría, Atenas y Roma, cuyo portavoz dijo al apóstol: «Los que te conocen te han señalado; por eso, venimos a ti, Señor, con la petición de ver a Jesús, tu Maestro». Felipe fue tomado de sorpresa al encontrar así a estos gentiles griegos prominentes e indagadores en la plaza, y, puesto que Jesús había tan explícitamente encargado a los doce que no hicieran enseñanza pública alguna durante la semana de Pascua, estuvo un tanto perplejo en cuanto a cómo manejar este asunto. También estaba desconcertado porque estos hombres eran gentiles extranjeros. Si hubieran sido judíos o gentiles conocidos de la zona, no habría titubeado tan marcadamente. Lo que hizo fue: Les pidió a los griegos que permanecieran allí donde estaban. Cuando se alejó de prisa, supusieron que había ido en busca de Jesús, pero en realidad corrió a la casa de José, donde sabía que estaban almorzando Andrés y los demás apóstoles; y llamando afuera a Andrés, le explicó el propósito de su venida, y luego, acompañado por Andrés, retornó a donde esperaban los griegos.

(1902.3) 174:5.2 Puesto que Felipe había prácticamente terminado de comprar los abastecimientos, él y Andrés volvieron con los griegos a la casa de José, donde Jesús los recibió; y se sentaron junto a él mientras hablaba a sus apóstoles y a un grupo de discípulos importantes reunidos en este almuerzo. Dijo Jesús:

(1902.4) 174:5.3 «Mi Padre me envió a este mundo para revelar su comprensión amante a los hijos de los hombres, pero aquellos a quienes primero me dirigí se han negado a recibirme. Es verdad que muchos de vosotros habéis creído mi evangelio, pero los hijos de Abraham y sus líderes están por rechazarme, y al así hacer, ellos rechazan a Aquél que me envió. Yo he proclamado libremente el evangelio de la salvación a este pueblo; les he hablado de la filiación con felicidad, libertad y vida más abundante en el espíritu. Mi Padre ha hecho muchas obras maravillosas entre estos hijos del hombre dominados por el temor. Pero en verdad el profeta Isaías se refirió a este pueblo cuando escribió: ‘Señor, ¿quién ha creído nuestras enseñanzas? ¿A quién ha sido revelado el Señor?’ En verdad los líderes de mi pueblo deliberadamente han cegado sus ojos para no ver, y endurecido su corazón para no creer ni ser salvados. Todos estos años he tratado de curarlos de su incredulidad para que puedan recibir la salvación eterna del Padre. Sé que no todos me han fallado; algunos entre vosotros habéis en verdad creído mi mensaje. En este aposento ahora hay una veintena de hombres que fueron anteriormente miembros del sanedrín, o que ocupaban altas posiciones en los concilios de la nación, aunque algunos entre vosotros todavía os resistís a confesar abiertamente la verdad, para que no os expulsen de la sinagoga. Algunos entre vosotros están tentados de amar la gloria de los hombres más que la gloria de Dios. Pero yo me veo obligado a mostrar paciencia, puesto que temo por la seguridad y la lealtad aun algunos de los que han estado por tanto tiempo junto a mí, y que han vivido tan cerca a mi lado.

(1903.1) 174:5.4 «En este aposento de banquetes percibo que hay judíos y gentiles en números aproximadamente iguales, y os dirigiré la palabra como a los primeros y a los últimos de tal grupo que yo pueda instruir en los asuntos del reino antes de ir a mi Padre».

(1903.2) 174:5.5 Estos griegos habían asistido fielmente a las enseñanzas de Jesús en el templo. El lunes por la noche habían celebrado una conferencia en la casa de Nicodemo, que se prolongó hasta el amanecer del día, y treinta de entre ellos habían elegido entrar al reino.

(1903.3) 174:5.6 Al estar Jesús de pie ante ellos en este momento, percibió el fin de una dispensación y el comienzo de otra. Volviendo su atención a los griegos, el Maestro dijo:

(1903.4) 174:5.7 «El que cree en este evangelio, cree no solamente en mí sino en Aquél que me envió. Cuando me contempláis, veis no solamente al Hijo del Hombre, sino también a Aquél que me envió. Yo soy la luz del mundo, y el que crea mi enseñanza ya no vivirá en las tinieblas. Si vosotros los gentiles me escucháis, recibiréis las palabras de la vida y entraréis inmediatamente en la libertad regocijante de la verdad de la filiación de Dios. Si mis conciudadanos, los judíos, eligen rechazarme y rehúsan mis enseñanzas, no los juzgaré, porque no he venido para juzgar al mundo sino para ofrecerle salvación. Sin embargo, los que me rechazan y rehusan recibir mis enseñanzas serán llevados a juicio cuando la temporada sea propicia por mi Padre y por aquellos a quienes él ha nombrado para que juzguen a los que rechazan los dones de la misericordia y las verdades de la salvación. Recordad todos vosotros que hablo no por mí mismo, sino que he declarado fielmente a vosotros lo que el Padre mandó que yo debía revelar a los hijos de los hombres. Y estas palabras que el Padre me dijo que hablara al mundo son palabras de verdad divina, misericordia sempiterna y vida eterna.

(1903.5) 174:5.8 «Pero tanto a los judíos como a los gentiles yo declaro que está por haber llegado la hora en la que el Hijo del Hombre será glorificado. Bien sabéis que, excepto que un grano de trigo caiga a la tierra y muera, permanece solo; pero si muere en buena tierra, surge nuevamente a la vida y rinde mucho fruto. Aquél que ama con egoísmo su vida, corre peligro de perderla; pero el que está dispuesto a dar su vida por mí y por el evangelio gozará de una existencia más abundante sobre la tierra y en el cielo, vida eterna. Si en verdad me seguís, aun después que yo haya ido al Padre, seréis mis discípulos y los siervos sinceros de vuestros semejantes mortales.

(1903.6) 174:5.9 «Sé que mi hora se avecina, y estoy turbado. Percibo que mi pueblo está decidido a despreciar el reino, pero me regocija recibir a estos gentiles que buscan la verdad, que están aquí hoy preguntando por el camino de la luz. Sin embargo, mi corazón sufre por mi pueblo, y mi alma está atribulada por lo que me espera. ¿Qué debo decir al mirar al futuro y discernir lo que está por caer sobre mí? ¿Acaso diré: Padre, sálvame de esta hora espantosa? ¡No! Por este mismo propósito he venido al mundo y aun a esta hora. Más bien diré y oraré para que os unáis a mí: Padre, glorifica tu nombre; se hará tu voluntad».

(1904.1) 174:5.10 Cuando Jesús habló así, su Ajustador Personalizado que había residido en él antes de su bautismo apareció ante él, y al hacer una pausa de manera evidente, este espíritu ahora poderoso de representación del Padre habló a Jesús de Nazaret, diciendo: «He glorificado mi nombre muchas veces en tus autootorgamientos, y una vez más lo glorificaré».

(1904.2) 174:5.11 Aunque los judíos y gentiles allí reunidos no oyeron ninguna voz, no pudieron dejar de discernir que el Maestro había pausado en su discurso mientras le llegaba un mensaje de alguna fuente sobrehumana. Todos ellos dijeron, cada uno al que estaba al lado de él: «Un ángel le ha hablado».

(1904.3) 174:5.12 Entonces Jesús continuó hablando: «Todo esto no ha ocurrido por mi bien, sino por el vuestro. Yo sé con certidumbre que el Padre me recibirá y aceptará mi misión en vuestro nombre, pero es necesario que seáis alentados y preparados para la prueba de fuego que se avecina. Dejadme aseguraros que la victoria eventualmente coronará vuestros esfuerzos unidos por esclarecer al mundo y liberar a la humanidad. El viejo orden se está enjuiciando a sí mismo; yo ya he expulsado al Príncipe de este mundo; y todos los hombres serán libres por la luz del espíritu que yo derramaré sobre toda carne después de ascender a mi Padre en el cielo.

(1904.4) 174:5.13 «Y ahora pues, os declaro que, cuando sea elevado de la tierra y de vuestras vidas, atraeré a mí a todos los hombres, a la comunidad de mi Padre. Habéis creído que el Libertador moraría por siempre en la tierra, pero yo declaro que el Hijo del Hombre será rechazado por los hombres, y que volverá al Padre. Sólo por un corto tiempo estaré con vosotros; sólo por un corto tiempo estará la luz viva en el medio de esta generación en tinieblas. Caminad mientras tengáis esta luz para que las tinieblas y la confusión venideras no os sobrecojan. El que camina en las tinieblas no sabe adonde va; pero si elegís caminar en la luz, en verdad seréis, todos vosotros, hijos liberados de Dios. Ahora pues, todos vosotros, venid conmigo para volver al templo y yo les diré palabras de adiós a los altos sacerdotes, los escribas, los fariseos, los saduceos, los herodianos y los dirigentes de Israel sumidos en la ignorancia».

(1904.5) 174:5.14 Habiendo hablado así, Jesús condujo al grupo por las angostas calles de Jerusalén, de vuelta al templo. Acababan de oír al Maestro decir que éste sería su discurso de adiós en el templo, y le siguieron en silencio y profunda meditación.

<< Back   Next >>

[print]    [email]